George Orwell 1984, el manga.

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¡Traigan su silla que ya llegó el cine!

Llegaban al zócalo del pueblo e instalaban el equipo: un proyector, altavoz y lona. Las películas eran en blanco y negro, las del Cine de Oro Mexicano.

La gente salía con sus sillas, refrescos y frituras. O solo con las ganas de pasar un buen rato mientras veía alguna película cómica.

Los niños nos sentábamos en el suelo, al fin y al cabo eso éramos: pequeños seres humanos sin preocupaciones.

No recuerdo cuántas veces ocurrió, pero persisten en mi memoria aquellas tardes de cine popular.

Eran los años 80.

Augurios del profeta urbano

Porque no hay mejor manera de callar
Que sublevar nuestros espantos
Atar la luz a la cintura de la lengua
Cazar estrellas
Ser aquél guardián viajero
Que reconoce la propia espalda
Entre siglos de muertos apilados.

Ha de resucitar el hombre
Llevando un astro encendido en la boca
En la diestra lunamargas
Y en la zurda corazona
Una tinaja de soles de agua donde ojos
Y grietas se despeñen.

Que repiquen las campanas
Que retiemblen los cuadernos en el sueño
Que el animal que viene y somos
Se yerga sobre su propia sangre
Sobre su impropia hoz.

Y a la hora de colgar el animal que somos
En el otro animal que ya no fuimos
Revelaremos el vero nombre del Verbo
A los herejes de la letra.

Benditos los acaudalados de los sueños:

Benditos los perros,
                                        Los poetas.

Balam Rodrigo.

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El ábaco en segundo de primaria

Era color café, no recuerdo que marca. Iba en segundo de primaria. Nos enseñaban operaciones básicas de suma y resta; las decenas y las centenas; multiplicar y dividir. Era divertido, como todo cuando se es niño.