Augurios del profeta urbano

Porque no hay mejor manera de callar
Que sublevar nuestros espantos
Atar la luz a la cintura de la lengua
Cazar estrellas
Ser aquél guardián viajero
Que reconoce la propia espalda
Entre siglos de muertos apilados.

Ha de resucitar el hombre
Llevando un astro encendido en la boca
En la diestra lunamargas
Y en la zurda corazona
Una tinaja de soles de agua donde ojos
Y grietas se despeñen.

Que repiquen las campanas
Que retiemblen los cuadernos en el sueño
Que el animal que viene y somos
Se yerga sobre su propia sangre
Sobre su impropia hoz.

Y a la hora de colgar el animal que somos
En el otro animal que ya no fuimos
Revelaremos el vero nombre del Verbo
A los herejes de la letra.

Benditos los acaudalados de los sueños:

Benditos los perros,
                                        Los poetas.

Balam Rodrigo.

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