Hasta brincaban de los balazos

El choqui tenía dieciséis años cuando empezó a jalar el gatillo. Huérfano de padre, el mayor de tres hermanos. Vivían con su madre y su abuela, mientras sobrevivían con las ventas de ropa de segunda, comida y el pago de la lavada de ropa ajena de sus dos figuras maternas.

Recordaba su primer bisne:

“me fue a buscar el cotorro, me dijo que en la noche había un tiro. Yo pensé que lo iba a acompañar por la feria de las tienditas, pero me llevó con el patrón. Me dio un cuerno y nos fuimos al cerro. Nos metimos perico, llevábamos mucho perico, para calmar los nervios”

-Qué ¿Tienes miedo? No seas putito

-Nel, que verga. Si vamos a accionar, de una vez que reviente el pedo

-Jalale carnal, date otro jale

Llegaron en dos vehículos, el bisne era seguro. Solo llegar, rafaguear y salir en chinga hacia los cerros de Acapulco. Ahí no sube la policía.

“El que iba de copiloto nos señaló donde estaban los contras, dimos una vuelta y regresamos con el tiro arriba. Íbamos hasta la verga de perico. Nos bajamos lentamente: yo jalé el cuerno y el cotorro un errequince. Nomas veía lumbre y hasta brincaban los cuerpos de los balazos”

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