¡Traigan su silla que ya llegó el cine!

Llegaban al zócalo del pueblo e instalaban el equipo: un proyector, altavoz y lona. Las películas eran en blanco y negro, las del Cine de Oro Mexicano.

La gente salía con sus sillas, refrescos y frituras. O solo con las ganas de pasar un buen rato mientras veía alguna película cómica.

Los niños nos sentábamos en el suelo, al fin y al cabo eso éramos: pequeños seres humanos sin preocupaciones.

No recuerdo cuántas veces ocurrió, pero persisten en mi memoria aquellas tardes de cine popular.

Eran los años 80.

El ábaco en segundo de primaria

Era color café, no recuerdo que marca. Iba en segundo de primaria. Nos enseñaban operaciones básicas de suma y resta; las decenas y las centenas; multiplicar y dividir. Era divertido, como todo cuando se es niño.

Entre los huecos de las tejas.

Mi primo Félix lo grababa con una cámara VHS. Otras personas lo veían con filtros que habían regalado. Es un recuerdo claroscuro, tal vez porque era la naturaleza de ese día. En el suelo de la cocina se veían pequeños soles que me recordaban a la luna menguante: era el eclipse de 1991 y la luz entraba a través de los huecos de las tejas.

La primer semana sin ti

Me resulta inexplicable este duelo. Te imagino jugando en los pasillos, corriendo en la terraza, y mirando fijamente al cielo. Como aquella ocasión que veías unos papalotes: tus ojos eran el universo.

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La Lady

Llegó a nuestras vidas un verano del 2005. Tendría unos tres meses de edad, nunca supimos que día había nacido exactamente.

Su primer parto lo tuvo en septiembre del 2007 y nos quedamos con un cachorrito. Buena acompañante y juguetona.

Temerosa del ruido de los cohetones, la música de mariachi, de viento; corría a esconderse debajo de las camas, a la sala, detrás de algo donde se sintiera segura.

Hoy nos ha dejado. Fueron doce años que disfrutamos de su compañía.

Las mascotas se quieren mucho y su pérdida duele inexplicablemente en lo más profundo del ser.

Nuestra perrita “Lady”

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