Hasta brincaban de los balazos

El choqui tenía dieciséis años cuando empezó a jalar el gatillo. Huérfano de padre, el mayor de tres hermanos. Vivían con su madre y su abuela, mientras sobrevivían con las ventas de ropa de segunda, comida y el pago de la lavada de ropa ajena de sus dos figuras maternas. Recordaba su primer bisne: "me …

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