El club de los humildes

Otoño del 2000. Tomaba el autobús de Estrella de Oro rumbo a Chilpancingo, pues estudiaba allá. El boleto costaba unos 70 pesos. Llevaba conmigo una dotación de queso de prensa, carne enchilada, chorizo y cecina de res.

Tenía unos discman color plateados y unos 6 CD. El que más repetía era el álbum “Ana, José, Nacho”.

Recuerdo una tarde lluviosa mientras viajaba en el bus, escuchando El Club de los Humildes.